En una desgarradora revelación que sacude a la comunidad educativa, una madre denunció esta semana en la Escuela 9 de Julio de Salta que su hija de séptimo grado sufre un hostigamiento atroz. La pesadilla estalló cuando otra alumna, en un acto de violencia inusitada, le cortó el cabello a la menor en plena aula, marcando el inicio de una cadena de burlas, empujones y amenazas constantes que la obligan a regresar llorando todos los días.
El dolor se profundiza al contrastar la indefensión de la víctima con la alarmante cifra de más de 230 casos de bullying y 1.500 agresiones verbales registrados oficialmente en las escuelas salteñas. Mientras que la menor afectada soportó en silencio humillaciones por acudir vestida con su indumentaria tradicional y llevar su comida escolar, la respuesta de la dirección escolar rozó la indolencia: lejos de proteger a la niña, las autoridades sugirieron cambiarla de turno y desatendieron el reclamo bajo la excusa de burocracia judicial.
Este desgarrador episodio deja al descubierto un sistema donde las familias se sienten solas frente a la desidia institucional. Padres advierten que la crisis de violencia escolar podría agravarse trágicamente si las instituciones priorizan el prestigio por encima de la integridad de los niños. Las autoridades educativas deben actuar de manera urgente antes de que el silencio administrativo convierta las aulas en zonas de absoluta impunidad.