La posibilidad de reactivar la explotación de uranio en Don Otto encendió la preocupación en el Valle Calchaquí. La intendenta de San Carlos, María del Carmen Vargas, se manifestó en contra de una eventual reapertura y puso el foco en una pregunta que atraviesa al pueblo: ¿qué puede pasar con el agua?
Vargas sostuvo que San Carlos tiene una economía fuertemente vinculada a la agricultura y la ganadería y advirtió que cualquier actividad que pudiera afectar las napas representaría un riesgo para el futuro de la comunidad. También cuestionó que la minería sea presentada como la principal alternativa laboral para los jóvenes: “Sinceramente creo que no es el trabajo que nuestros jóvenes necesitan”.
La intendenta además relató testimonios de pobladores que aseguran haber observado diferencias en cursos de agua cercanos a sectores donde quedaron residuos de la antigua explotación. Estos relatos fueron mencionados durante la entrevista y no constituyen una constatación técnica presentada en ese momento.
El debate enfrenta dos miradas: quienes ven en la minería una oportunidad económica y quienes temen que una eventual explotación pueda comprometer recursos esenciales. Para Vargas, los posibles beneficios deben compararse con los costos que una afectación ambiental podría generar en la salud, el agua y la producción local.
“Quiero morir en mi pueblo y no por contaminación”, expresó la jefa comunal al ratificar su rechazo. Mientras la posibilidad de recuperar el uranio vuelve a estar sobre la mesa, en los Valles la discusión recién comienza y el agua aparece como el recurso que nadie quiere poner en riesgo.