En la esquina de Entre Ríos y Balcarce, mientras la ciudad recién arranca el día, hay una historia que se cocina entre el frío de la mañana… y la esperanza.
Desde las 7 en punto, un joven estudiante arma su pequeño puesto y comienza a vender desayunos. Té, café, mate cocido, tortillas y bizcochuelos. Todo preparado con esfuerzo, con la mirada puesta en un objetivo claro: recibirse.
“Estoy en el último año de abogacía”, cuenta con una mezcla de cansancio y orgullo.
El último tramo no es fácil. Entre apuntes, exámenes y gastos, decidió salir a trabajar para poder sostener ese sueño que está tan cerca… pero que todavía cuesta.
No importa el frío, ni el viento que corre en esa esquina. Él está ahí. Todos los días. Buscando salir adelante.
Antes, su sueldo le alcanzaba para pagar la carrera. Hoy, con lo que le queda por rendir, cada peso cuenta.
🥐 De 7 a 11 vende desayunos accesibles para todos:
👉 Infusión: $1.500
👉 Con tortillas: $2.000
👉 Con bizcochuelo: $2.500
Y por la tarde, de 13 a 15, suma menús para seguir generando ingresos.
“La idea es recibirme, matricularme y empezar a ejercer”, dice, con esa sonrisa que tienen los que no bajan los brazos.
En una esquina cualquiera, hay una historia que no hace ruido… pero que dice mucho.
Porque cuando hay ganas, esfuerzo y un sueño claro, incluso el frío de la mañana se vuelve parte del camino.
Si pasás por Entre Ríos y Balcarce, no es solo un desayuno lo que estás comprando… es una oportunidad.