La tarde del martes 17 de febrero parecía una más en el estudio de AM 840 Radio Salta, en dúplex con Radio Andes 107.5. Hasta que un mensaje quebró la rutina: “Que preparen a la abuela y una mochila con ropa… el helicóptero está por salir”. Del otro lado, en el paraje Pascha, en plena Quebrada del Toro, una familia sostenía la angustia como podía.
Doña María Ramos, de 97 años, había caído el sábado. Con el paso de los días su salud empeoró y el acceso por tierra se volvió imposible. El tiempo corría en contra. Entonces llegó el llamado que nadie ignora. En Aviación Civil ya se preparaba el helicóptero y, a bordo, iría Aldo, el enfermero que conoce los cerros como si fueran su casa.
Hoy trabaja en El Encon, pero durante años caminó senderos invisibles y asistió a familias de la quebrada. Para los pilotos, su presencia es clave: el GPS marca coordenadas, pero no lee el alma del cerro. Para quienes esperan, su rostro es alivio en medio del viento y el ruido ensordecedor de las hélices. No es la primera vez que vuela para rescatar una vida, y sin embargo, cada misión le pesa igual.
En Pascha armaron la mochila con ropa y esperanza. Cuando el helicóptero rompió el silencio de la montaña, no solo llevaba profesionales de la salud: llevaba compromiso, humanidad y la promesa de que nadie está solo en los cerros. Aldo no busca aplausos, pero su gesto vale más que mil palabras. Porque en cada rescate, lo que vuela más alto es la solidaridad.